ALZHEIMER: CÓMO DETECTARLO

El 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer, la enfermedad más importante del siglo XXI, por delante de sida, cáncer y dolencias cardiovasculares. Cada año se diagnostican 4.6 millones de nuevos casos de la dolencia y ya afecta al 50% de los mayores de 85 años. La enfermedad tiene una progresión lenta, pero impasible y aunque no existe cura, sí es posible ralentizar su avance.

El alzheimer se produce por una serie de degeneraciones y cambios neuroquímicos del cerebro que produce un deterioro congnitivo, esto es una pérdida de la memoria inmediata y de otras capacidades mentales. Durante el desarrollo de la enfermedad, el paciente irá perdiendo los recuerdos y capacidades motoras (como comer, caminar, control de esfínteres y por último respirar).

La Organización Mundial de la Salud prevé que para 2030 75 millones de personas en todo el mundo sufran algún tipo de demencia y que esa cifra aumente considerablemente para 2050. La enfermedad crecerá especialmente en América latina y el Caribe donde es común que un familiar se convierta en el cuidador de un paciente.

Detectar a tiempo el alzheimer es clave para combatirla con éxito y retrasar sus efectos al máximo. La enfermedad tiene una fácil detección, especialmente en aquellos pacientes mayores de 65 años.

Una de las señales más comunes de la enfermedad es olvidar información recién aprendida o fechas de eventos importantes. El paciente empezará a depender entonces de sistemas de ayuda (como notas o dispositivos electrónicos) o de familiares para desarrollar tareas que antes podía hacer solo. Con la pérdida de nueva información puede aparecer también en el paciente una mayor dificultad a la hora de seguir una receta o realizar operaciones matemáticas sencillas.

A medida que la enfermedad avanza el paciente tiene una mayor dificultad para desarrollar correctamente las tareas cotidianas y olvidan el paso del tiempo. También es común que empiecen a desorientarse a la hora de ir a hacer un recado habitual o que se olviden de cómo han llegado a un lugar concreto.

Además el paciente empieza a tener problemas con el vocabulario, a olvidar palabras y a perderse en las conversaciones lo que provocará también una pérdida de iniciativa para tomar decisiones y participar en actividades sociales.

Es importante entrenar la memoria, realizar pequeñas operaciones sencillas cada día, juegos de palabras, adquirir y memorizar nuevos conocimientos para seguir fortaleciendo nuestro cerebro y ayudar a combatir la dolencia.

Mantener la mente activa y un ejercicio físico regular obligará a nuestro cuerpo a forzarse y reinventarse, manteniendo la enfermedad a raya.

La dieta juega también un papel destacado a la hora de ayudar a prevenir su aparición: una buena alimentación en la que estén presentes antioxidantes, vitamina C y E y omega 3. La ingesta de pescado al menos una vez por semana reduce en un 60% el riesgo de Alzheimer.

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