POR ESTO SE ARRUGAN LOS DEDOS AL ESTAR EN EL AGUA

No es un capricho de la naturaleza y gracias a ello el hombre ha logrado sobrevivir durante todos estos milenios.

Con la llegada del verano aumenta el tiempo que pasamos bajo el agua (ya sea en la playa, el río, la piscina o la bañera) y aparecen unas pequeñas arrugas en las plantas de los pies y en los dedos. Lo que para muchos es un incordio, en realidad es una medida de nuestro cuerpo para mejorar nuestra supervivencia.

Un estudio de la Royal Society británica aprobado por un grupo de científicos de la Universidad de Newcastle comprobó en 2013 que estas arrugas que aparecen en la piel son un ingenioso mecanismo de defensa desarrollado por nuestros ancestros para lograr un mejor agarre ante los objetos mojados o estando bajo el agua.

El responsable de la investigación, el doctor Tom Smulders, ha concluido que el arrugamiento de los dedos “podría haber ayudado a nuestros ancestros a conseguir comida de vegetaciones húmedas y correr mejor bajo la lluvia”.

Hasta entonces se pensaba que el arrugamiento de los dedos se debía a un exceso de hidratación por el paso del agua por la capa exterior de las extremidades. Sin embargo, ahora se sabe que el arrugamiento se produce cuando los vasos sanguíneos de los dedos se contraen. Gracias a las arrugas el agua se filtra de igual manera que lo hace con las ruedas de los coches permitiendo que haya zonas de mayor agarre.

¿Por qué no tenemos entonces los dedos arrugados permanentemente? Los científicos creen que al arrugarse los dedos “podría disminuir la sensibilidad en las yemas o incluso aumentar el riesgo de daño al coger objetos”. En superficies secas el agarre necesario es mejor por lo que los surcos podrían tener consecuencias negativas.

Esta investigación corroboraba los escritos del neurobiólogo estadounidense Mark Changizi, quien en un artículo publicado varios años antes en la revista Brain, Behavior and Evolution ya hablaba de este curioso fenómeno. En su estudio, Changizi comprobó que aquellos individuos con daños en los nervios de los dedos no experimentan este fenómeno por lo que la respuesta evolutiva proviene del sistema nervioso. 

Además, tanto los investigadores británicos como el neurobiólogo estadounidense han comprobado que los humanos no somos los únicos que experimentamos este fenómeno. “Se da en primates, creo que la función original podía ser de locomoción entre vegetación húmeda o árboles”, concluye Smulders.

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