EL LEGANÉS DEJA TOCADO Y CASI HUNDIDO AL REAL MADRID

El equipo de Garitano superó al conjunto blanco en la eliminatoria, que queda muy tocado con la única carta de la Champions para salvar la temporada.

Lo que ocurrió anoche en el Bernabéu puede analizarse desde dos perspectivas: la de una gesta histórica del Leganés o la de un fracaso anunciado por parte del Real Madrid. Ambos factores influyeron en el resultado, pero, pese al estado en el que se encuentra el equipo de Zidane, no hay que quitar ni un ápice de mérito al conjunto pepinero, que logró clasificarse por primera vez para las semifinales de la Copa del Rey, y en uno de los peores escenarios posibles.

La Copa está dejando eliminatorias tan intensas como sorprendentes: el Atlético cayó frente a un gran Sevilla que, sin embargo, venía de mostrar su peor cara; el Valencia logró imponerse al Alavés, no sin antes tener que recurrir a los penaltis; y el Barça deberá remontar ante el Espanyol en el Camp Nou.

Acertó Garitano y se equivocó Zidane. El Leganés salió con un planteamiento valiente y sólido al césped del Santiago Bernabéu. Apenas concedió ocasiones al Madrid, supo dificultar la salida de balón y acertar en sus llegadas al área. Eraso anotó un golazo que será candidato a mejor tanto de la competición. Fue entonces cuando el estadio comenzó a invadirse de la sensación habitual durante esta temporada: el desconcierto. Sacar algo positivo del feudo blanco sale muy barato y el Madrid es incapaz de dominar los partidos y, anoche incluso, de crear peligro. La reacción blanca llegó, pero no de forma real, sino en una jugada aislada en la que Benzema definió de maravilla (1-1), pero que no podría ser más representativa de lo que significa el jugador francés: un talento tan intermitente y frío que deja claro que el ‘9’ es un número que pesa demasiado en su espalda. El Leganés no se arrugó. En ningún momento se sintió inferior y eso es mérito de Garitano, que convenció a su equipo (merecieron más en la ida) de que estaban ante un hecho con aspecto de gesta. Ganar era justo y posible. En el minuto 54 Pires hizo justicia al colocar el 1-2 en el marcador con un sensacional cabezazo en un córner. El Madrid ya estaba muerto. La reacción vehemente y heroica que ha caracterizado tanto al equipo blanco no llegó.

Zidane no se tomó en serio al equipo que tenía en frente. Bale y Cristiano no fueron convocados. Modric y Carvajal salieron desde el banquillo para tratar de salvar una situación crítica, pero no funcionó. Nada funciona en el equipo. Ya están fuera de la Copa y de LaLiga (distancia prácticamente insalvable), y en el horizonte está el PSG, la única carta que le queda al Real Madrid, la de la Champions League. El partido que separa el fracaso absoluto de la gloria inesperada. El equipo de Zidane se ha ganado esta situación, su temporada pende de un hilo; el Leganés, el derecho a soñar con la Copa.

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