EL NUEVO ESCLAVO TRABAJA PARA TI

La esclavitud no se acabó a finales del sXIX con la proclamación de Emancipación de Lincoln, ni con el proyecto presentado en las cortes españolas en 1879. Hoy está más oculta, pero sigue vigente. 

En el interior de una sala mal iluminada un hombre se coloca al frente de una fila de personas y empieza a enumerar sus cualidades. Bueno para el campo, brazos fuertes, sano, trabaja duro… para acto seguido abrir una puja por cada uno de ellos. Alguien da 400, otro suma 50 más y en pocos minutos la cifra alcanza los 1.400 dólares libios, unos 400 euros. Un hombre acaba de ser vendido y pasará a ser propiedad de su nuevo dueño para obedecer en lo que a este le apetezca. La escena no se produce en una casa colonial del s. XVIII, sino en un lugar desconocido en Libia en octubre de 2017. 

Actualmente hay 27 millones de esclavos repartidos en todo el mundo, el equivalente a la población de Australia y Nueva Zelanda (según datos de la ONG Slavery Footprint), 21 millones son víctimas de trabajos forzosos. De ellos la Organización Internacional del Trabajo cifra en 11,4 millones las mujeres y niñas y en 9,5 millones los hombres y niños víctimas de esta explotación. Sin embargo Walk Free Foundation va más allá y calcula que hay 40.3 millones de esclavos en todo el mundo, casi el equivalente al total de la población española.

La explotación sexual forzosa, quizá la cara más fisible de la esclavitud moderna, capta a niñas y a mujeres en sus lugares de origen y las obliga a prostituirse si quieren seguir vivas. El negocio es muy lucrativo para los proxenetas, que consiguen 21.800 dólares de media de ingresos por cada víctima.

Pero, como demuestra el vídeo obtenido por la CNN sobre las subastas en Libia, la esclavitud no es solo sexual sino también laboral. Los trabajos forzosos generan beneficios ilegales por valor de 150.00 millones de dólares al año. Además, los productos que se elaboran con el trabajo forzoso están plenamente integrados en el día a día, lo que hace que sea más difícil denunciar la situación y romper la cadena. Una mujer de 30 años, soltera y sin hijos, de clase media que viva en Madrid tiene a 25 esclavos trabajando para coser la ropa que se comprará y montar el último modelo de Smartphone que lleva en la mano. Un hombre de 24 años aficionado a los videojuegos basa su estilo de vida en el trabajo forzado de 35 personas En el caso de una mujer de Galicia de 67 años y una clase media-alta, fomenta la esclavitud de 37 personas.

Los datos se pueden extraer del test elaborado por Slavery Footprint para concienciar sobre el impacto que tiene cada persona en este negocio millonario e infrahumano.

El Papa Francisco ha denunciado en varias ocasiones esta esclavitud que no se ve, pero que nos rodea. La última fue el 30 de julio al referirse a la trata de personas como un acto “grave, cruel, criminal”. A ellas se refirió como “crímenes contra la humanidad” en un mensaje de agosto de 2016.

 

Con el fin de erradicarla, el Santo Padre se ha unido a otros líderes religiosos para crear puentes, trabajar con las víctimas y concienciar a gobernantes y ciudadanos.

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