GUÍA PARA DISTINGUIR UNA GRIPE DE UN RESFRIADO

Vuelve el moquillo, el dolor de garganta y los remedios caseros contra gripes y resfriados. Reconocer las diferencias entre ellos es vital para poder curarlos.

Con la llegada del otoño y el invierno reaparecen los virus que han estado dormitando todo el verano. Los virus de la gripe y el resfriado aprovechan la bajada de defensas provocada por el cambio brusco de las temperaturas para atacar el organismo. Aunque pueden tener síntomas parecidos, ambas enfermedades son muy diferentes y su gravedad cambia.

El resfriado común es una de las enfermedades más extendidas por el mundo y durante el tiempo de incubación del virus es muy contagioso. Es por eso que todos los años vemos por la calle cientos de narices moqueantes, ojos irritados, toses y caras de cansancio propias de la enfermedad.

Sin embargo, la gripe suele presentarse de forma epidémica, es decir, se da un gran número de casos a la vez. Los primeros casos contagian rápidamente la enfermedad y el virus se propaga entre la población en apenas unas semanas. Su fuerza y gravedad es mayor y conviene distinguirlo de su primo hermano. Además, en la gripe podemos tener picos de fiebre muy fuertes (entre 38ºC y 40ºC) en los primeros tres días de la enfermedad. Esto no pasa con los resfriados donde la fiebre no suele ser alta.

¿Recuerdas esa sensación de haber sido aplastado por una apisonadora? Esos dolores musculares que te impiden moverte y hacen que te duela hasta el respirar es síntoma de la gripe. Los “trancazos” se caracterizan por un fuerte dolor muscular al que se suma una cefalea que pone a prueba la paciencia y resistencia del paciente.

La presencia constante de un pañuelo y la secreción nasal (que a veces llega a taponar la nariz) es propia de los resfriados. Es incómoda y puede deshidratar al paciente, por eso se recomienda la ingesta de mucho líquido que ablande las fosas nasales y permita volver a respirar. Las secreción nasal viene acompañada de estornudos y dolor de garganta por la inflamación de los ganglios, lo que causa muchas molestias al hablar y al tragar.

Para poder identificar una gripe podemos fijarnos también en la tos. La de la gripe es seca y se puede volver crónica si no se trata de forma adecuada.

El resfriado se puede tratar en casa y no es necesario visitar al médico para detenerlo. Normalmente duran de 3 a 4 días y lo más común es que los pacientes recurran a remedios caseros para aliviar sus síntomas y esperar a su desaparición. La miel con limón, el eucalipto y la cebolla son ingredientes básicos que pueden aliviar en gran medida los síntomas de la enfermedad.

Por el contrario, la gripe es más peligrosa y su tratamiento requiere siempre de un antibiótico. Aunque los remedios caseros pueden ser una ayuda, el virus tiene que ser erradicado del sistema a través de los medicamentos adecuados. Vacunarse contra la enfermedad ayuda, aunque hay que hacerlo anualmente ya que el virus siempre muta.

Es habitual que todos suframos uno o más procesos catarrales a lo largo del año (especialmente con los cambios de estación), así que lo mejor es armarse de paciencia y prevenir en la medida de lo posible el contagio con el virus. Para ello es vital la higiene (especialmente si se está en contacto con personas resfriadas), beber mucha agua, una buena alimentación y abrigarse bien.

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