LAS HAMBURGUESAS SON TAN ADICTIVAS COMO LAS DROGAS

Un estudio de la Universidad de Michigan y el New York Obesity Research ha concluido que determinado tipo de comida puede crear adicción del mismo modo que lo hacen ciertas drogas como la cocaína y la heroína. 

El estudio se ha realizado con 500 participantes divididos en dos grupos a los que se les ha dado 35 tipos de comida que variaban en función de su valor nutricional. Ambos grupos concluyeron que las comidas procesadas estaban más asociadas a conductas de alimentación adictivas que los alimentos de una dieta equilibrada. Es decir, que eran alimentos que se consumían de una forma más compulsiva en la que las consecuencias negativas de su consumo quedaban apagadas por la necesidad de volver a ingerirlos.

En este caso, las patatas fritas, el helado, las hamburguesas, las pizzas o las bebidas con gas son alimentos que generan un deseo y una necesidad imperiosa de consumo por parte de los usuarios. Son alimentos además que tienen una gran cantidad de grasa y azúcar y provocan en el cerebro cambios bioquímicos similares a los que provocan algunas drogas como el tabaco, la heroína o la cocaína.

El estudio señala que muchos de estos alimentos adictivos no suelen serlo en inicio y pone como ejemplo las uvas. Una fruta saludable que se vuelve adictiva tras un procesado que la transforma en vino. Del mismo modo las patatas no son alimentos adictivos, pero pueden serlo una vez fritas. Los alimentos altamente procesados (los identificados comúnmente como comida rápida o comida basura) son más proclives a crear adicción ya que liberan una mayor dosis de azúcares en el cuerpo, activando las zonas cerebrales de la adicción.

Además los investigadores han comprobado que las personas con tendencia a desarrollar adicciones que ingieren estos alimentos tienen más dificultades para regresar a una dieta equilibrada. Quienes consumen alimentos azucarados de forma regular y en altas cantidades pueden experimentar un síndrome de abstinencia similar al que registran quienes consumen drogas como la cocaína o la heroína. El consumo compulsivo de azúcar produce un aumento repetido de la dopamina, en lugar de rebajarla de forma gradual.

Es distinto si los sujetos consumen alimentos que son a la vez ricos en azúcares y grasas (como podría ser una hamburguesa). En ese caso aunque sube el nivel de dopamina, si se interrumpe el consumo no se muestran síntomas de un síndrome de abstinencia con ansiedad o agresión.

El estudio ha indicado además que el nivel de grasa de los alimentos es un buen indicador para reconocer el grado de adicción que va a provocar en el consumidor. Un alimento con mucha grasa tendrá más probabilidades de ser consumido de forma compulsiva independientemente de las características del individuo.

La primera fase de la investigacuión, realizada con ratas, ha concluido también que las diferentes dietas llevadas a cabo influyen en el desarrollo neurológico del sujeto. Las ratas más gordas, las que han consumido una mayor cantidad de alimentos procesados y adictivos, reflejaban un cambio en el desarrollo cerebral.

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