NEOFOBIA, EL “MIEDO A PROBAR ALIMENTOS”

No es un capricho, ni una moda o una manía. Muchos niños no quieren comer ese nuevo plato de verduras, o una receta que nunca habían probado. Es posible que padezcan neofoboia.

La neofobia alimentaria es un tipo de trastorno denominado como el “miedo a probar alimentos” que restringe y/o evita la ingesta de alimentos. El niño que la sufre rechazan los alimentos por su apariencia, su sabor, olor, textura, marca presentación o porque le recuerdan a experiencias negativas con la comida en el pasado. De este modo, el niño registra el nuevo alimento como dañino o perjudicial antes de tener oportunidad de probarlo.

El neófobo se crea en la infancia, con los primeros contactos con los alimentos sólidos (generalmente entre los 2 y los 6 años) aunque puede persistir hasta la edad adulta o incluso llegar a aparecer en esa etapa tras unas malas experiencias con la comida. Normalmente afectan a la ingesta de frutas y verduras, lo que hace que este mal se conozca también como el “dilema del omnívoro”.

Como seres omnívoros, los humanos estamos diseñados para probar y explorar nuevas fuentes de alimentación y poder incorporar alimentos diversos a nuestra dieta. Para poder detectar qué alimentos son beneficiosos y cuáles pueden ser una amenaza contamos con las amígdalas y las papilas gustativas. Sin embargo, las papilas nos predisponen a preferir el sabor dulce y mantenernos alejados del amargo, el ácido o el agrio (el ser humano posee 25 receptores para los sabores amargos y 2 para los dulces).

Nuestro desarrollo evolutivo nos ha predispuesto hacia una ingesta más protéica para evitar aquellas plantas venenosas que podrían hacernos daño. De este modo es posible que aquellas personas que son más reservadas y recelosas, puedan extremar en exceso las precauciones desarrollando por tanto miedo ante cualquier elemento nuevo.

El miedo se produce en mayor medida respecto a frutas y verdudas lo que puede suponer un riesgo para la salud nutricional del niño al privarle de toda una familia de alimentos. Además, la neofobia suele asociarse a altos niveles de ansiedad y una baja autoestima, lo que minaría el desarrollo emocional del niño.

Cuando el niño empieza a decir “no” a los alimentos, los padres, por lo general suelen presionarles y desesperarse, lo que lleva al niño a encerrarse más y a asociar ese alimento con una experiencia negativa.

El neófobo no debe confundirse con el caprichoso. El caprichoso tendrá normalmente una dieta más reducida y se negará a comer alimentos que conoce y ya ha degustado otras veces al igual que los nuevos.

Los expertos recomiendan que una vez identificado que no se trata de un capricho del niño sino de un problema real, se generen experiencias positivas con la comida para que el niño se familiarice con los alimentos y sustituya en su mente una visión dañina por una beneficiosa para él.

Integrar a los niños en el proceso de elaboración de los productos, hacerles partícipes de la compra y el cocinado pueden ser claves para identificar las virtudes del alimento, perderle el miedo y disfrutar de una dieta más sana y completa.

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